lunes, 30 de marzo de 2009

A, a, a, árbol

Había soportado por tantos años a las personas. Demasiados eran los días que lo habían descuidado y él, tan fiel e incondicional, jamás se había rendido. No obstante, abusaban de él; chicles sin sabor cubrían su tronco, su cuerpo portaba incontables cicatrices que no eran de guerra sino producto del aburrimiento ajeno; cubierta estaba su base de una basofía acumulada por décadas y jamás atentida.

Un día de Marzo transcurría normalmente [si acaso existe tal cosa] y él se sentía diferente; había algo en el aire, una esencia extraña, intrépida, que le llenaba todo por dentro con una sensación de poder ilimitado.

Encontrabase junto a un edificio y comenzó a mecerse. Arremetió y golpeó y sintió una oleada de placer. Sus brasos se extendían hasta el cielo, una tormenta verde, veloz y vertical que azotaba con furia contra ventanas y cemento.

Imaginaba que la gente de adentro estaba aterrada. Su furia degustarían; su dolor sería de ellos.

Su ira incrementaba y su largo cuerpo lo resentía; tronaba, crujía y varios brazos se habían desprendido ya pero no se podía detener. No se quería detener.

Perdió todo control y se entregó a su pasión. En un arranque final, destruyó una ventana, entro triunfante y salió, pero no sin antes tomar prisioneros, moribundo. Un guerrero que obtiene victoria y muerte. Levantaronse sus pies y no pudo dar un paso. Cayó, convulsionó y yació, vencedor, en contra de sus opresores, un un insulto perfecto a todos ellos.


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"FUERTES VENTARRONES DERRIBAN ÁRBOL EN FIME; MUEREN TRES", afirmaba el encabezado en el artículo de algún periódico.

"Todos lamentamos mucho la muerte de los tres estudiantes", comenzó su discurso el director de la facultad, "el pasado viernes veintisiete de Marzo. Sin duda, ha sido un trágico evento. En honor a aquellos fallecidos, hemos plantado un nuevo árbol con una placa en el sitio del anterior."

Un árbol se sentía esperanzado por su nuevo hogar, ya que había otros árboles mucho más antiguos que él. "Esto es el comienzo de algo bueno", se dijo a sí mismo.

A los tres días, ya tenía su primer chicle pegado en su cuerpo.



2 comentarios:

Meta-Luis dijo...

El árbol, al menos, no se fué solo. Ya no habría humanos si todos hicieran lo mismo...
(los estornudos serán por la ausencia de ropa, comprobado ;))

mireya dijo...

=o