Le dije a Rogelio que nos aferramos a ciertos objetos antiguos con cierta nostalgia, como si fueramos a recuperar el tiempo. Porque es más fácil ver el pasado que imaginarnos un futuro. Como los libros viejos, o las lámparas viejas, o los baúles de recuerdos o las fotografía de niño, o las mochilas de piel cuadrada de la escuela, o las cartas de amores de secundaria.
Yo me aferro a las fotografías, a las fotografías de otros y las mías.
Te voy a escribir poemas viejos, de esa manera pensaré que pude encontrarte antes, en donde todo era más sencillo. Y era feliz.
Ahora, los besos son cosa de enfermos, los enamorados pertencen a otros dueños y tú de seguro tienes un cubrebocas con sonrisa inquisitiva, esa que sólo le has de mostrar a ella.
Yo tengo un cubrebocas. Y esta enojado tanto que ha olvidado mis sonrisas y mis caridades antes una idea de ser de ti y contigo.
